Libros de ayer y de hoy,
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Comentarios de este lector
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Samuel
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Librería Canaima
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Doménica
de JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO
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Hay poco que decir de un libro que uno se lee de una sentada, tal como a mí me ha pasado con Doménica, de José Ángel Cilleruelo, o tal vez sea mucho lo que se pueda contar. Me guío sólo por mi instinto de lector, que no de consejero editorial, y mucho me equivoco o este libro creo que podría satisfacer las apetencias de muchos tipos parecidos a mí. La historia narrada se va desenvolviendo de forma cauta, sin precipitaciones en la trama ni desenvolvimientos ajenos al asunto central. El personaje central, el maestro Etienne Estame, se nos aparece con una claridad absoluta, casi diría que expuesto a nuestros ojos con tanto realismo como ferocidad. Es éste uno de los puntos clave de la novela, bajo mi punto de vista: las miserias y grandezas del docente no quedan a la vista de todos nosotros para ser juzgadas ni condenadas. El carácter del personaje, que a algunos podrá parecer exageradamente voluble o tal vez miserable, es para mi paradigma de cualquiera de nosotros, de cualquier yo impostado. A alguien tan impredecible, tan expuesto a los vaivenes de la cotidianeidad y sus decisiones, no es fácil dejar de sancionarle internamente. Aún así, creo que el personaje ha sido creado con la intención de parecer cercano, el hermano al que perdonar las faltas sin saber muy bien el porqué. La presencia femenina, curioso detalle que el nombre de todas las mujeres empiece por r salvo el de la que da nombre al libro, queda afirmada con soltura en la fuerza de las descripciones, que bajo mi punto de vista no están tan bien conseguidas como las de Estame.
En resumen, una trama bien urdida, unos personajes vigorosos, y la sospecha, bajo mi punto de vista, de unas horas dedicadas a la lectura que darán mucho de sí. Hagamos caso a lo que se nos dice en la página 13, “¿Escribir una carta de amor que no leerá nunca su destinataria? Dejemos eso para los novelistas”. Pues eso, dejémoslo en sus manos.
Samuel Rodríguez Navarro
Maspalomas
Las Palmas
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Pequeñas palabras
de SALVADOR ROBLES
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Érase una vez un libro de tapas rojas que se acercaba al lector de forma queda, en voz bajita, para susurrarle unas cuantas páginas. Tal vez no sea así el cuento, quizá toma la apariencia de una madre vigorosa, pero madre al fin y al cabo, que nos tiende un plato de lentejas, de las que ya sabes, las tomas o las dejas.
Este libro de cuentos mínimos en cuanto a extensión, pero mucho más grandes en cuanto al imaginario que suscitan en el lector, tienen la garantía de causar excitación en la mente del que los lee. A mí me han recordado a esos paquetes de mezcla de frutos secos, aquellos que en ocasiones abrimos sin saber muy bien el porqué y terminamos devorando con avidez, lamentando no haber comprado otro paquete más. Por supuesto, algunos frutos nos gustan más que otros, e incluso cabe la posibilidad de que alguno que empezó no gustándonos termine siendo nuestro favorito.
En principio, cualquier señor o señora que lea el libro y tenga la cabeza sobre los hombros sentenciará sobre la independencia de los textos entre sí. En cuanto este señor o señora se quite la cabeza que lleva desde tiempos inmemoriales sobre los hombros y se atreva a comerse unos frutos secos de los que hablamos con anterioridad, descubrirá que no, que no se la van a dar con queso, que naranjas de la china. Estoy convencido de que terminará conviniendo conmigo en el hecho de que en todos los cuentos transita un hilo común, unos pasadizos que los comunican: el eco de una sociedad secreta que se esconde en los portales, detrás de las cortinas, bajo las alfombras de la realidad. Un grupúsculo que Salvador Robles ha visto en muchas ocasiones a lo largo de su largo peregrinar por esto de las páginas escritas y que ha decidido revelar, pero sin ánimo de desactivarlo. Un catálogo de situaciones en las que nos habremos visto envueltos en alguna ocasión, o con ganas de haber sido un testigo cercano. Comprenderán que no pueda hablar de relatos favoritos cuando hablo de este libro. A mi me gustan todas las lentejas.
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Cambio de sentido
de MAR GOMEZ GLEZ
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Jugar con las palabras de un título suele ser una tarea ambiciosa y escurridiza, sobre todo si el lector no termina descubriendo la jugada. Es un as en la manga, peligroso si te pillan antes de tiempo pero una manera gloriosa de rematar una faena. Tengo el libro de Mar Gómez Glez a mi lado cuando redacto estas notas y encuentro un sentido nuevo a su libro, un laberinto de personajes que entran y salen y uno no llega a cogerles demasiado afecto por su rapidez al pasar delante de nuestros ojos. En un momento determinado del libro se habla con desapego de aquellos a los que les importan más las historias que las personas que las componen, y tengo para mis adentros que ahí se encuentra una de las claves de este relato largo, de este cuento extenso, de esta nouvelle. Esa contraposición que recorre todo el texto entre la entrega pública de voluntades hacia los otros, hacia el exterior y la contradicción que supone el desgarro íntimo que les termina ocurriendo en primera persona a los que así le toca vivirlo. Un tema tan antiguo como la mitología que impregna algunos pasajes, para mí algo extensos. Nada asegura más la atención del que fija sus ojos en la página que el acudir a los arquetipos que todos tenemos fijados en nuestro subconsciente: el amor voluble e instantáneo, que aparece y desaparece, el misterio instalado en lo cotidiano, el azar como elemento generador de peripecias. Un libro para disfrutar con los ojos bien abiertos, a la espera de no desesperar como les ocurre a algunos de los personajes. Párense cuando necesiten, como reclama la autora en la última página. Samuel Rodríguez Navarro. Maspalomas. Las Palmas.
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