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Comentarios de este lector
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Herminia
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Librería Luces
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Vacaciones de Invierno
de JOSE MANUEL BENÍTEZ ARIZA
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La infancia es un reino oscuro. Un lugar donde se alimenta el adulto que será o del que ese hipotético adulto tratará siempre de huir. En esta novela, Benítez Ariza recrea una infancia setentiana a partir de un episodio preciso: el ingreso de un niño en un hospital tras romperse la mandíbula. Un trance que marcará el fin de esa infancia, descrita desde el conocimiento de las condiciones materiales y las atmósferas sentimentales propias de la época (de las madres con peluca o las enfermeras de medias blancas, a los tebeos de "Pumby" o los "mádelmans" y las bicicletas BH).
El cuidado lenguaje de Benítez Ariza, más allá de la pura representación costumbrista, crea un mundo particular en el que las percepciones adquieren categoría de símbolo. Así, por ejemplo, cuando describe a las madres de otros niños enfermos: "ruidosas, groseras, un poco indecentes en el desaliño con que llevaban la ropa descolocada y en el modo en que se despatarraban en las butacas de gutapercha -podía uno imaginarse la tapicería pegada a los muslos- o al filo de aquella camas siempre deshechas, más nidos que camas, en cuyo centro, como un pollo enfermo, alentaba un niño" (pág.17).
Pero el mundo adulto está ahí, en ese hospital, con su cargamento de atracciones y de dolor también. El día en que, su madre y él, persguieron a una polilla hasta obligarla a abandonar la habitación, descubrieron ambién que la felicidad de su padre no se reducía a una caja de merengues y de dulces borrachos. Tampoco -lo comprobará el lector- una sala de juegos hospitalaria es el mejor trasunto de un idílico mundo infantil...(pág. 87 y ss.).
Una novela deliciosa, muy bien escrita, en la que muchos podrán reconocer fragmentos de una puericia inverosímil:la suya propia.
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La maldición del cronista
de MARC GUAL
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Los relatos de Marc Gual tienen una peculiar dicción. Partiendo de un lenguaje en general sencillo, nada rebuscado, esa dicción crea atmósferas inquietantes. Son historias banales a veces que, poco a poco, se van impregnando de una cualidad mágica y terrible, difícil de precisar. Así ocurre en el relato, "La maldición del cronista", que podemos leer como el símbolo perfecto del don (o del castigo) de la escritura, de la compulsión del escritor.
Por contra, en otros relatos, un suceso extraordinario adquiere la categoría de la más sencilla cotidianidad, como en "Todo el mundo lo sabe" en el que, un viernes por la tarde, aparece un hombre crucificado en el rellano de una esclera de vecinos...
Hay un relato, "El heredero", pleno de estilizada crueldad, en el que una dramática historia familiar fecunda el presente.
Los relatos de Gual son estructuras no cerradas, herméticamente abiertas podíamos decir. Con ellas, el escritor indaga en los límites difusos de la realidad y la fantasía, de la escritura y la vida. Y el resultado de esa indagación son este conjunto de relatos, heterogéneo pero muy valioso.
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