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El escritor sevillano Andrés Pérez Domínguez nos cautiva con la escritura de diez cuentos en este libro que hace el quinto de la colección “Umbral”, en la que la editorial Paréntesis pretende hacernos llegar las voces de jóvenes escritores o de quienes no figuran en el canon como escritores conocidos o consagrados. El libro está integrado por una colección de diez relatos y su título, “El centro de la Tierra”, responde al nombre del último de ellos. Dedicada a José María Merino, uno de nuestros mejores cuentistas contemporáneos, esta colección de relatos está precedida por unas palabras tomadas de Mientras escribo, de Stephen King, con las que el autor viene a confesarnos que con sus cuentos pretende enriquecer nuestras vidas y la suya misma, al mismo tiempo que le sirven para superar los malos ratos y ser feliz. Cada uno de los relatos incluye una dedicatoria y, tras ellos, un “Making off” en el que nos da cuenta de las razones que le han movido a escribirlos y del tiempo de su escritura: entre las primaveras de 1999 y 2007. Los relatos son cortos y significativos, en el sentido de que recogen fragmentos de vidas y de situaciones variadas, con finales bastante logrados.
Todos los personajes que aparecen en estos relatos son muy humanos y desvalidos, representativos de muy diversas condiciones psicológicas y sociales, e incluso de fuera de este mundo. Da la impresión de que necesitan que los lectores comprendamos las razones de por qué son como son, y lo cierto es que después de leer cada uno de los relatos nos queda la sensación de que todos esconden en su interior algo por lo que merecen nuestro reconocimiento. En su mayor parte, los relatos se desarrollan en escenarios y tiempos actuales, salvo dos que se remontan a épocas ominosas de la historia europea o de nuestra historia nacional. Las narraciones suelen incluir una historia relatada ágilmente, con diálogos y descripciones acertadas y, en los casos en que el relato lo demanda, con reflexiones y monólogos al servicio de la historia y del retrato de los personajes. Tan sólo he de apuntar dos objeciones: hay algunas pocas erratas, en forma de repeticiones de palabras y expresiones, y algunas muestras de queísmos y anacolutos fácilmente subsanables en sucesivas ediciones. En definitiva, para mí ha sido una lectura muy grata que recomiendo a los amantes de las historias cortas pero densas y ha supuesto el descubrimiento de un autor del que me agradaría leer otros libros.
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